A la hora de comprar una silla no se debe ir en busca de lo mejor, hemos de pensar primero qué movimientos vamos a realizar en ella: delante del ordenador, hablar por teléfono, archivar documentos, mantener reuniones con amigos o clientes, pensar, escribir a mano, estudiar, etc… Cada combinación exigiría unas determinadas características para la silla, características que vendrán matizadas, además por el entorno y espacios en los que se vaya a instalar.
Fabricantes Asociados de Mobiliario y Equipamiento General de Oficina y Colectividades (FAMO) y el Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) han presentado varias guías básicas para contribuir a mejorar las condiciones de trabajo.
Tomando como referencia estas guías las principales consecuencias de una mala elección en el mobiliario son las siguientes:
Molestias en diferentes zonas del cuerpo y sus posibles causas:
1. Dolor de cuello. El ordenador colocado a un lado o muy alto provoca una mala posición del cuello al leer sobre la pantalla.
2. Hombros y parte alta de la espalda. Se producen cuando no se apoyan los antebrazos al teclear o manejar el ratón, o si hay que elevar los hombros porque la mesa es muy alta.
3. Molestias en la espalda. La mejor manera de prevenirlas, aparte de hacer ejercicio, es disponer de una silla que proporcione un buen apoyo a la espalda y favorecer la movilidad de la espalda y los cambios de postura. Las sillas grandes, con respaldos rígidos, o las mesas demasiado bajas contribuyen a agravar el problema.
4. Molestias en las manos o muñecas. Los factores que contribuyen a estas molestias son los siguientes: teclado demasiado alto o inclinado, mesas muy altas y a realización de actividades de introducción intensiva y prolongada de datos en el ordenador.
Los teclados actuales suelen ser bastante planos, por lo que, en principio, no tienen por qué dar lugar a problemas especiales.
5. Otros problemas. El hecho de pasar mucho tiempo sentado contribuye a entumecer las piernas, sobre todo si la silla nos queda grande y su borde nos presiona detrás de las rodillas.
Como podemos observar, algunos de estos problemas posturales pueden estar asociados a la silla o mesa, y a su regulación.
Por esta razón es muy importante comprar una silla diseñada con criterios ergonómicos, de tal manera que se reduzcan al mínimo las posturas y los movimientos inadecuados.
Para que la silla resulte cómoda es mejor que el asiento y el respaldo sean dos piezas separadas para poder ajustarse mejor. Debe disponer de un respaldo reclinable y de altura ajustable con soporte lumbar, tener una suave curvatura del asiento, mucho mejor si tiene brazos regulables, el asiento que dispone de pistón de gas para poder conseguir un ángulo recto de nuestras piernas.
El material de apoyo (preferiblemente textil acolchado) no ha de ser demasiado blando especialmente en el asiento. Para el respaldo se recomienda un acolchamiento algo más blando, sin perder la consistencia. Aunque un acolchado mullido puede parecer muy cómodo en los primeros momentos después de sentarse, permanecer varias horas en una silla así acaba siendo molesto por falta de movilidad.
Debemos comprobar que las dimensiones del asiento son suficientemente amplias para cambiar de postura (recolocarse, cruzar las piernas, etc.) sin obstáculos.
Apoyo completo de pies en el suelo, piernas en el asiento, espalda en el respaldo y brazos en el reposabrazos, sin sentir un relieve demasiado marcado. Se recomienda disponer de un reposapiés si no se llega con los pies al suelo cuando la silla está a la altura adecuada respecto a la mesa.
La silla ha de ser estable y no tambalearse, incluso sentándose en el borde.